TENDENCIAS
Miguel Ángel VÁZQUEZ RUIZxxxxxmvazquez@pitic.uson.mx
La prueba de que las cosas
andaban mal desde principios de año es la medida
anunciada por el gobierno federal, en el sentido de "congelar"
precios de supuestamente 150 alimentos de los que consumen
los albañiles, según dijo Felipe Calderón,
en una frase desafortunada.
Las
políticas pública y económica requieren
de mucha coordinación, que no parece haberla en la
estructura del Estado Mexicano. Así, el Banco de
México anuncia el incremento de las tasas de interés,
cuando desde los Pinos abogaban por bajarlas.
Ecos
desde LA ECONOMIA
Las
tendencias en economía suelen tener dos componentes
que, cuando se juntan, provocan una especie de bola de nieve
que difícilmente se puede parar. Uno tiene que ver
con el comportamiento de las fuerzas del mercado, y el otro
con las percepciones de los agentes económicos, que
son de naturaleza evidentemente subjetiva. Estas son las
directrices que se advierten ahora que está en boga
la escasez de alimentos y con ello el incremento en el precio
de los mismos.
En un estudio reciente de Banamex se observa que el precio
de la tortilla de maíz en algunos lugares del país
llega hasta 11.50 pesos, muy por encima del promedio nacional
que es de 8.27 pesos. Es el caso de algunas tortillerías
de Hermosillo, por ejemplo.
Lo anterior no es un hecho aislado, ya que el alza no recae
únicamente en el alimento básico de los mexicanos.
Información oficial señala que un conjunto
de 42 productos básicos que incluye alimentos y bebidas,
así como implementos para limpieza e higiene, registraron
aumentos de 47 por ciento en sus precios entre diciembre
de 2006 y mayo de 2008.
Un aspecto interesante es la enorme diferencia entre los
precios de centrales de abasto (mercados) y las cadenas
de supermercados. Según el estudio aludido, en la
última semana de mayo los precios del maíz
blanco, fríjol, zanahoria y pollo en la Central de
Abasto de la capital de la República se cotizaron
en 3.40, 7.60, 2.86 y 7.60 pesos por kilogramo, mientras
que en las tiendas de autoservicio se vendieron en 16.69,
18.00, 9.99 y 26.0 pesos por kilogramo.
¿A qué se debe el incremento de los precios?
Por ahora, algunas razones se asocian con la presunta escasez
de algunos de ellos, otras con el intermediarismo que separa
al productor del campo con los oferentes de la ciudad, y
una más con las expectativas que los proveedores
se han creado respecto al probable comportamiento del mercado.
En esencia la proyección de principios de año
en el sentido de que los precios durante el 2008 sólo
subirían 3 por ciento fue, o bien un error de cálculo,
o tal vez quererle tomar el pelo a la población.
La prueba de que las cosas andaban mal desde principios
de año es la medida anunciada hace unos días
por el gobierno federal, en el sentido de "congelar"
precios de supuestamente 150 alimentos de los que consumen
los albañiles, dijo Felipe Calderón, en una
frase desafortunada.
Los productos "congelados" tienen una serie de
particularidades. No son aquellos que por sus características
nutricionales deba consumir cualquier ser humano; más
bien parecen los que quedan guardados en los anaqueles de
los supermercados y ahora encuentran la oportunidad de promocionarlos
como "baratos" y accesibles al público.
Justo cuando acaba de comenzar una campaña nacional
para reducir la obesidad de los mexicanos (segundo país
del mundo por la cantidad de obesos), el gobierno anuncia
en alianza con la Confederación de Cámaras
Industriales de México (Concamin) el "fácil"
acceso a mercancías chatarra.
Los productos que "consumen los albañiles"
de los 150 que contempla la lista son, entre otros, éstos:
28 bebidas de distinto tipo con altos contenidos de calóricos;
16 sabores distintos de té, y 10 tipos de jugos de
verduras que contienen chile y limón. Lo anterior
ya suma 54 productos de la lista (36 por ciento de bebidas
con azúcares, saborizantes y ácidos). Habría
que añadir chile jalapeño, salsas picantes,
café soluble. Acaso de la lista se salvan el atún
y la sardina, reconocidos por su contenido nutricional.
En la lógica de que los precios efectivamente se
mantengan "congelados", se anunció también
que la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco)
se mantendrá vigilante de que esos precios no suban.
Pero, de no hacerlo, no se anuncia sanción alguna.
La medida anterior parecería significar que el gobierno
dobló las manos ante la inoperancia de la mano invisible
del mercado para acercarle los productos que satisfagan
las necesidades de consumo básico a la población.
Pero resulta evidente que no es así. Más bien
es una especie de salida por la tangente. Una medida desesperada
que no va a la esencia del problema.
Ir al centro del asunto implica tomar otras acciones de
política económica. En primer lugar reconocer
que ni el mercado ni el Estado son satanás, y que
más bien son espacios de la estructura social que
se pueden retroalimentar. Esto depende del tipo de país
según sus orígenes, historia, composición
social, perfil empresarial e inserción en la economía
internacional. Es decir, ni al mercado ni al Estado se les
puede ver sólo en blanco y negro. Inclusive los países
más desarrollados -como Estados Unidos, Alemania
y Japón, por mencionar algunos- hacen un juego de
combinaciones de ambas instancias para impulsar el crecimiento
y el desarrollo de la nación. Pero en México
sólo parecen tener sentido los dogmas y las descalificaciones,
de ahí que siempre la divisa siempre sea todo o nada,
aún cuando la realidad grita que es urgente dicha
coordinación.
Sabido es que la canasta básica del mexicano promedio
no está muy diversificada. En tal sentido, la elaboración
de una canasta alimenticia con precios realmente congelados,
con algún tipo de subsidio por parte del gobierno
no es ninguna blasfemia contra la pureza del mercado. Por
el contrario, sería apenas el principio de una política
de justicia social por tantos años postergada.
Quienes están en contra de que el gobierno regule
ciertos espacios de la economía, parecen tener la
concepción de que el país es una empresa y
que por tanto así hay que manejarlo, teniendo siempre
en cuenta el estado de pérdidas y ganancias. Pero
no lo es.
El Estado es un ente social situado siempre en el corazón
de la problemática social. De ahí que debe
coordinar los intereses de las distintas capas sociales,
velando siempre por los intereses generales de la nación.
El Estado debe abogar por los equilibrios y no por los desequilibrios
que provocan la desigualdad social.
El problema de la escasez de alimentos y el incremento de
los precios de los mismos no es sino la punta del iceberg
de la situación que viene arrastrando la economía
mexicana, de no crecimiento, no generación de empleo
y no ingresos suficientes para que la mayoría de
la gente tenga una manera digna de vivir. Es el detonante
que anuncia otras cosas por venir.
Las políticas públicas, y especialmente la
política económica, requieren de mucha coordinación,
que no parece haberla en la estructura del Estado Mexicano.
El ejemplo más próximo es el anuncio del incremento
de las tasas de interés por parte del Banco de México,
cuando desde los Pinos abogaban por bajarlas. Al Banco de
México obsesiona la posibilidad de que los precios
suban, mientras que a la presidencia parece quitarle el
sueño el aletargamiento del crecimiento económico.
Todo esto es una muestra de lo mucho que se esconde detrás
del telón, en cuyo frente ahora la escena principal
es uno de los temas más acuciantes de toda sociedad:
el acceso a los alimentos para vivir.
Llegó la hora en que el punto principal son los medios
para sobrevivir.
MIGUEL
ÁNGEL VÁZQUEZ RUIZ es Licenciado en Economía
por la Universidad de Sonora, y Doctor por la UNAM. Es además
catedrático de la UniSon.