TENDENCIAS
Miguel Ángel VÁZQUEZ RUIZxxxxxmvazquez@pitic.uson.mx
El huerto de LAS UTOPÍAS
¿Dónde
se encuentra la luz que ilumina el camino hacia un horizonte
distinto para millones de mexicanos? ¿Cuáles
son las utopías que alimentan el quehacer de cada
día? Las generaciones pasan y, salvo para muy pocos
a quienes la vida les sonríe, para la inmensa mayoría
de las personas el camino es estrecho, de poca luz y sin
horizonte claro. Este escenario es obra y gracia de los
actores que más influyen en moldear actitudes, conductas
y toma de decisiones. Y al parecer de esto nadie se salva.
Ni tratándose de negociadores relacionados con asuntos
del espíritu, ni tratándose de los encargados
de los asuntos de la tierra.
El papa Benedicto XVI acaba de visitar Estados Unidos. Ataviado
con las mejores ropas y joyas, el representante de Dios
sobre la tierra compartió el pan con el presidente
George W. Bush, el más sanguinario en la historia
de Estados Unidos. El también representante del Estado
Vaticano no parecía inmutarse ante el judas anfitrión,
a quien le faltan meses para dejar el poder. No cabe duda,
qué grande es el corazón del Santo Padre.
Pero si hasta el representante de Dios en la tierra comete
pifias, con más razón los que guían
sus pasos por intereses terrenales: los partidos políticos
en México no atinan a darle unidad, rumbo y salidas
decorosas a los grandes problemas nacionales. No logran
incidir positivamente ni en el ánimo ni en los hechos
de la gente.
De la competencia electoral entre el PRI y el PAN se esperaban
cosas mejores para el bien de la nación. Porque acaso
no se ha dicho hasta la saciedad el mercado es la mejor
opción para depurar y mejorar las cosas. Pues la
hipótesis parece no estarse cumpliendo en el caso
de los otrora grandes rivales de la arena política
mexicana. Ambos partidos nacieron defendiendo causas distintas:
el PRI para institucionalizar los logros de la revolución
mexicana de 1910 y el PAN para oponerse a las políticas
nacionalistas de aquel. El PAN llegó al poder a partir
de repudiar las políticas del PRI pacientemente elaboradas
e inyectadas a la sociedad mexicana durante setenta años.
Pero hoy parecen uno sólo. El PAN hizo un repaso
de la historia y rápidamente aprendió que
para mantenerse en el poder había que saber de la
"cultura política" emanada del PRI. Por
eso decidieron estar juntos, caminar juntos, compartir entre
ellos. O sea, comparten el pan, el vino y la sal. Así
la utopía del 6 de julio del 2000 rápidamente
se esfumó. ¿O qué es lo nuevo? ¿Esther
Gordillo? Que pena que las cosas terminen así.
Ante tal desencanto para millones de mexicanos, la siguiente
fuente de esperanza fue la izquierda. Con vigorosidad teórica,
diagnósticos profundos y propuestas distintas, todo
indicaba que a la izquierda le había llegado la hora
de tomar el poder y demostrar en la práctica que
sabía gobernar de manera diferente. Pero no pudo.
En un trance electoral que dejó con la duda a millones
de electores, no pudo asumir el gobierno. Y con esto se
desmoronó la segunda utopía.
Pero aparentemente no todo estaba perdido para la izquierda
y su proyecto de nación. Había quedado una
estructura para gobernar la capital de la república,
y estar presentes en las grandes decisiones del poder legislativo.
Pero esta estructura no encontró formas de funcionamiento
político que embonaran la vida partidista con la
política real que se hace en los escenarios institucionales,
y poco a poco fueron aflorando diferencias al parecer insalvables
que mantienen dos grandes rutas paralelas al parecer sin
ninguna posibilidad de convergencia: de un lado los que
nada quieren con el "gobierno espurio" y, del
otro, los que habiendo accedido a posiciones vía
el mandato popular, necesariamente tienen que participar
en los grandes debates y toma de decisiones en materia de
políticas internas y externas. Esta dicotomía
es motivo de otro gran desencanto, al no mostrar la izquierda
oficio político para participar con éxito
en el gran escenario de las instituciones de la democracia.
Pero aquí no acaba el asunto, porque lo que sigue
predominando son los disensos y no consensos. En este sentido,
el problema más grave es el asociado con el cambio
de dirigencia del partido del sol azteca. Enfrentados en
contienda los "negociadores" con los "radicales",
el proceso electoral interno no tuvo un final feliz, a partir
de los desaseos de que fueron objeto las elecciones en distintos
estados de la república. Así el espectáculo
público ha sido para desgano del más optimista
militante o simpatizante de la izquierda en el país.
Resultó que en el partido donde por décadas
se luchó en contra del fraude electoral, también
se sabía de esas prácticas, y lo más
lamentable que bien sabían ponerlas en operación.
Se trata, tal vez, del mayor exabrupto cometido por un partido
de izquierda en México y en el momento más
inoportuno de la historia política, económica
y social del país.
Los partidos se asocian con utopías porque son el
medio a través del cual la sociedad busca construir
un mejor presente y un mejor futuro. Pero para hacerlo posible
los propios partidos han sido incapaces de acomodarse en
el escenario mundial de la actualidad. Con ello, se muestran
incapaces de responder a las expectativas de millones de
personas. Que pena, que el tiempo pase y en lugar de avanzar
se retroceda. Que pena que nadie riegue el huerto de la
esperanza.
MIGUEL
ÁNGEL VÁZQUEZ RUIZ es Licenciado en Economía
por la Universidad de Sonora, y Doctor por la UNAM. Es además
catedrático de la UniSon.