PARADIGMAS
Martín Alberto DELGADO SALDIVAR martin.delgado@itelcel.com
LOS MIEDOS del cliente
Todos
los días llevo al Pingüinito investigador (mi
nieto) al parquecito de la colonia; pasamos por la pista
de correr-caminar donde patea la pelota, y a cada patada
exitosa grita ¡¡GOOOOL!!. Ya en el parque juega
un rato pateando una pelota, luego subiéndose a una
pequeña casita de madera y bajando por un resbaladero,
y al rato corretea para integrarse a un equipo de fútbol
de niños más grandes. Ahora que vivo en un
fraccionamiento con privaditas por el boulevard Quiroga,
se siente la seguridad. "Vivimos seguros": sólo
entran los que tienen que hacer algo en la colonia.
En este mundo globalizado, los individuos, sus familias
y sus mascotas -incluido El Albóndiga, el gato gourmet
que vive en mi casa y me odia- nos encontramos con muchos
temores. Uno de ellos es la búsqueda de la seguridad
física, por eso se han popularizado las privadas
o cerradas en los fraccionamientos que no son otra cosa
que burbujas a prueba de los "malos" que potencialmente
nos pueden hacer daño.
Y también buscamos vías rápidas y seguras,
así como líneas de transporte. De tal forma,
para subirse a un avión hay que pasar por revisiones
exhaustivas con el fin de diferenciar a los "buenos"
(viajeros comunes e inocentes, ¡nosotros, pues!) de
los "malos" (asesinos potenciales armados).
Esto es un mundo dicotomizado, donde las cosas no tienen
matices. O está bien o está mal. Así
lo interpretamos en muchos sentidos.
De acuerdo al plan de desarrollo urbano de Hermosillo y
las próximas obras a realizarse, el boulevard Quiroga
está definido como uno de los principales ejes viales
de norte a sur de la ciudad. Será una vía
de fácil acceso. Es decir, en unos meses más
estaremos localizados en un fraccionamiento ampliamente
comunicado.
Pero el mundo es dictomizado y las cosas están, hoy,
mal. En ese afán de postergar arreglos urgentes para
la solución definitiva, el Boulevard Quiroga, y el
Colosio al poniente, adolecen de alumbrado y acotamientos
de seguridad. Abismos de 50 centímetros a tres metros
separan la carpeta de concreto construida para dos carriles.
Además, no hay alumbrado público, hay un puentecito
bastante peligroso que sólo se ve cuando uno está
al borde del canal, y las fallas en el drenaje están
a la orden del día, ya que los diseños son
para menor población. El futuro está presente.
Las burbujas y los caminos seguros son una necesidad en
este mundo donde se reconocen los miedos del cliente. Y
ese cliente es cliente para muchas cosas. Desde para comprar
cosas hasta para pagar prediales y en especial para votar.
Y, en todos los casos, el cliente decide de forma dicotomizada
a compra o no compra, paga los prediales con descuento o
con recargos (tarde o temprano hay que pagarlos, ya que
me consta que los seres mortales no tenemos apoyos en descuentos
de recargos), o en tiempos de elecciones o vota por un partido
o vota en contra de algún partido. Está a
favor o es enemigo. No hay matices en las decisiones de
voto. El punto fundamental es definir si existe una afectación
clara y visible a los "clientes".
Así, cuando se trata de elegir en base de ideas y
promesas, unos estarán a favor y otros en contra,
y las elecciones se ganan por márgenes muy pequeños,
llegando a definir con "un volado" quién
es el candidato ganador. Márgenes menores del 5 por
ciento de diferencia se muestran en todo nivel de elecciones
en cualquier país. Porque se venden conceptos. Estamos
a favor o en contra de los conceptos, o simplemente del
candidato "porque nos cae muy bien" ó "porque
nos cae gordo".
Pero cuando se vende infraestructura es diferente. Existe
o no existe. Da el servicio o no da el servicio. En síntesis,
el cliente se siente seguro o no se siente seguro. Y en
ese sentido vota. Esta es la esencia de un mundo dicotomizado.
Son los miedos del cliente.
Ahora que el Quiroga-Colosio son los ejes de desfogue, nada
más quisiera pedirle al presidente municipal de Hermosillo
que se diera una vuelta por la noche y cruce sobre el Quiroga
para llegar al Colosio. Le aseguro que el sólo dar
vuelta para encontrar el minipuente y no caerse al canal
de aguas pluviales será una experiencia digna de
las mejores atracciones de Disneylandia. Toda una experiencia
en obscuridad absoluta. Emocionante.
En síntesis, me llegaron los miedos del cliente.
Espero que el Pingüinito investigador no los tenga
y viva con seguridad. Por lo pronto El Albóndiga
sí que vive contento: no hay muchos perros en la
Cerrada donde vivimos.
Lástima que ni El Pingüinito ni El Albóndiga
voten.