¿LA MISOGINIA ELECTORAL
SURGE DE LAS PROPIAS MUJERES?
ESCASO APOYO EN LAS URNAS
a las candidatas sonorenses
POR ÉRICKA VELÁZQUEZ
A
pesar de las a veces intensas movilizaciones y exigencias
recurrentes de sub grupos sociales en busca de más
y mejores espacios para las mujeres en el país y
en el estado, la realidad refleja una situación y
condiciones distintas para las activistas que encabezan
esa demanda.
Aunque
las llamadas ''feministas'' enarbolan una bandera sumamente
desgastada y sin claridad en sus slogans, al parecer sus
intenciones y ambiciones han sido rebasadas por la realidad
misma.
Porque
parece ser que además de la apertura legal a esa
exigencia y necesidad social en nuestra nación, la
percepción social es diferente y la lucha de las
mujeres que buscan espacios públicos desde dónde
defender sus deseos y pensamientos.
Y
no es por falta de talento entre el sector femenino que
participa en la actividad pública o partidista, porque
existen muy buenos elementos que cuentan con el perfil,
la preparación y las condiciones necesarias y adecuadas
para realizar una labor eficaz en tareas partidistas, electorales
y públicas.
Muestra
de ello son la actual dirigente estatal del PRD Hidelisa
González, las diputadas locales Claudia Pavlovich
Arellano, Irma Romo, Susana Saldaña, Irma Villalobos,
la activista social Martha Patricia Alonso y Luz Mireya
Franco, entre otras.
Sin
embargo, el principal obstáculo que enfrentan quienes
llevan cruzada la bandera del feminismo sobre su pecho,
es precisamente el rechazo o por lo menos la indiferencia
del sector femenil en el estado. Sobre todo en el terreno
de la lucha electoral.
Eso
queda demostrado con las estadísticas del más
reciente proceso electoral realizado en Sonora, en donde
un buen número de mujeres buscaron espacios públicos
de elección popular, pero pocas alcanzaron la meta.
Y
no la alcanzaron porque simple y sencillamente la mayoría
de quienes emiten su voto en Sonora les impidieron llegar
a ellos; es decir una mayoría que pertenece al sector
femenil.
De
acuerdo a esos datos, en la elección del 2006 votaron
en Sonora 907,849 personas de un padrón electoral
de poco más de un millón 668 mil personas.
De
ellas, en la lista nominal aparece el 50.34 por ciento de
mujeres, y acudieron a las urnas el 53.38 por ciento, es
decir casi 500 mil mujeres emitieron su sufragio.
En
esa misma elección participaron 24 representantes
del sector femenino como candidatas propietarias de cinco
partidos políticos en busca de la diputación
local por los 21 distritos sonorenses.
De
esas candidatas, solamente sólo ¡cuatro! llegaron
a la cámara local por la vía de la mayoría
relativa, lo cual refleja casi un 12 por ciento de efectividad
en sus intenciones.
En
cuanto a las alcaldías que estuvieron en proceso
de renovación en aquellas mismas elecciones, 30 mujeres
representaron a seis partidos políticos, es decir
casi el cincuenta por ciento de las presidencias municipales
de Sonora fueron disputadas por representantes del sector
femenil.
De
ellas, solamente cinco candidatas lograron convertirse en
presidentas municipales en Quiriego, Álamos, San
Felipe de Jesús, Magdalena de Kino y Tubutama, con
un porcentaje del 6.94 por ciento de efectividad.
Si
tomamos como indicador principal de estos datos el hecho
de que el sector femenil de Sonora registró una mayor
participación en el pasado proceso electoral, se
puede inferir que son precisamente ellas, las mujeres, quienes
rechazan e impiden el acceso de integrantes de su sub grupo
social a posiciones públicas.
Es
probable que los tiempos hayan cambiado, que la mentalidad
de las mujeres se haya modificado, que los estándares
culturales y educativos hayan mejorado, que se tengan mejores
oportunidades de empleo y en los hogares, o porque sencillamente
ese tipo de movimientos ya no interesan a nadie, por los
cuales las mujeres rechazan la participación y la
presencia de la mujer en asuntos político partidistas
y político electorales.
Esa
lucha, esa intención de alcanzar el reconocimiento
como subgrupo social independiente y con las mismas capacidades
que los hombres, ha sido seguida por unos cuantas participantes
de organizaciones feministas, pero no lo suficientemente
entendida por el resto de la sociedad sonorense, ni siquiera
por el grueso de la población compuesta por mujeres.
Entonces,
queda una pregunta, una sola: ¿La misoginia surge
de las propias mujeres sonorenses?