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¿LA MISOGINIA ELECTORAL
Aunque representan 50 por ciento del padrón electoral
en Sonora, de 54 mujeres candidatas sólo nueve ganaron en las pasadas elecciones

¿LA MISOGINIA ELECTORAL
SURGE DE LAS PROPIAS MUJERES?

ESCASO APOYO EN LAS URNAS
a las candidatas sonorenses

POR ÉRICKA VELÁZQUEZ

A pesar de las a veces intensas movilizaciones y exigencias recurrentes de sub grupos sociales en busca de más y mejores espacios para las mujeres en el país y en el estado, la realidad refleja una situación y condiciones distintas para las activistas que encabezan esa demanda.

Aunque las llamadas ''feministas'' enarbolan una bandera sumamente desgastada y sin claridad en sus slogans, al parecer sus intenciones y ambiciones han sido rebasadas por la realidad misma.

Porque parece ser que además de la apertura legal a esa exigencia y necesidad social en nuestra nación, la percepción social es diferente y la lucha de las mujeres que buscan espacios públicos desde dónde defender sus deseos y pensamientos.

Y no es por falta de talento entre el sector femenino que participa en la actividad pública o partidista, porque existen muy buenos elementos que cuentan con el perfil, la preparación y las condiciones necesarias y adecuadas para realizar una labor eficaz en tareas partidistas, electorales y públicas.

Muestra de ello son la actual dirigente estatal del PRD Hidelisa González, las diputadas locales Claudia Pavlovich Arellano, Irma Romo, Susana Saldaña, Irma Villalobos, la activista social Martha Patricia Alonso y Luz Mireya Franco, entre otras.

Sin embargo, el principal obstáculo que enfrentan quienes llevan cruzada la bandera del feminismo sobre su pecho, es precisamente el rechazo o por lo menos la indiferencia del sector femenil en el estado. Sobre todo en el terreno de la lucha electoral.

Eso queda demostrado con las estadísticas del más reciente proceso electoral realizado en Sonora, en donde un buen número de mujeres buscaron espacios públicos de elección popular, pero pocas alcanzaron la meta.

Y no la alcanzaron porque simple y sencillamente la mayoría de quienes emiten su voto en Sonora les impidieron llegar a ellos; es decir una mayoría que pertenece al sector femenil.

De acuerdo a esos datos, en la elección del 2006 votaron en Sonora 907,849 personas de un padrón electoral de poco más de un millón 668 mil personas.

De ellas, en la lista nominal aparece el 50.34 por ciento de mujeres, y acudieron a las urnas el 53.38 por ciento, es decir casi 500 mil mujeres emitieron su sufragio.

En esa misma elección participaron 24 representantes del sector femenino como candidatas propietarias de cinco partidos políticos en busca de la diputación local por los 21 distritos sonorenses.

De esas candidatas, solamente sólo ¡cuatro! llegaron a la cámara local por la vía de la mayoría relativa, lo cual refleja casi un 12 por ciento de efectividad en sus intenciones.

En cuanto a las alcaldías que estuvieron en proceso de renovación en aquellas mismas elecciones, 30 mujeres representaron a seis partidos políticos, es decir casi el cincuenta por ciento de las presidencias municipales de Sonora fueron disputadas por representantes del sector femenil.

De ellas, solamente cinco candidatas lograron convertirse en presidentas municipales en Quiriego, Álamos, San Felipe de Jesús, Magdalena de Kino y Tubutama, con un porcentaje del 6.94 por ciento de efectividad.

Si tomamos como indicador principal de estos datos el hecho de que el sector femenil de Sonora registró una mayor participación en el pasado proceso electoral, se puede inferir que son precisamente ellas, las mujeres, quienes rechazan e impiden el acceso de integrantes de su sub grupo social a posiciones públicas.

Es probable que los tiempos hayan cambiado, que la mentalidad de las mujeres se haya modificado, que los estándares culturales y educativos hayan mejorado, que se tengan mejores oportunidades de empleo y en los hogares, o porque sencillamente ese tipo de movimientos ya no interesan a nadie, por los cuales las mujeres rechazan la participación y la presencia de la mujer en asuntos político partidistas y político electorales.

Esa lucha, esa intención de alcanzar el reconocimiento como subgrupo social independiente y con las mismas capacidades que los hombres, ha sido seguida por unos cuantas participantes de organizaciones feministas, pero no lo suficientemente entendida por el resto de la sociedad sonorense, ni siquiera por el grueso de la población compuesta por mujeres.

Entonces, queda una pregunta, una sola: ¿La misoginia surge de las propias mujeres sonorenses?

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