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Confidencias Sonorenses

Ramiro Valenzuela López Por: Ramiro Valenzuela López

Los secretos de LA BOHEMIA

El ser humano que no nace bohemio, es la excepción. A temprana edad la bohemia se trasuda, quizá en el momento mismo que el infante cambia su creencia en Canta Claus, para confiar en el amor de una pareja; en ese momento el adolescente emerge a una "edad color de rosa", en la que por primera vez se siente atraído por el sexo opuesto, creyendo descubrir en su pareja, cualidades de las que carecen el resto de la humanidad.
Ahí empieza a cambiar el léxico del individuo, incorporando melosas y seductoras frases galantes, que le confieren dotes de poeta, puesto que los románticos mensajes y cartas de amor no son otra cosa que bellas poesías en prosa.
En el buen sentido de la palabra, hay quienes en esta tierna etapa de la vida se hacen adictos al sentimiento bohemio, haciéndolo campear, además del amor a la pareja, por el cariño filial, el amor al terruño y por cuanta situación eufórica o nostálgica que se presente.
Puede aseverarse que en los poetas y compositores, como en el deporte, el éxito se inicia en forma "amateur", o sea por "amor al arte". En todo bohemio existe la subjetiva necesidad de expulsar esa energía inspiradora, de lo contrario, el bohemio explotaría.
En la antigüedad los lugares de encuentro de los bohemios eran los cafés más apartados y desconocidos; ahí se reunían y discutían las ideas; desde ahí se oteaba el horizonte, se exploraba cualquier área del pensamiento, y se escudriñaba cualquier ámbito de la cultura.
El bohemio un tanto ajeno a lo que sucedía en su alrededor, alejado de convencionalismos sociales y descuidando su apariencia física, proyectaba una imagen en cierta medida negativa, que hacía que la sociedad, erróneamente lo concibiera, como un vagabundo inmerso en un mundo ideal, cuya vida vana sólo se alimenta de ilusiones.
El sentimiento bohemio genera encontradas emociones; en veces de alegría y optimismo, en ocasiones de tristeza y pesimismo; desafortunadamente la vena bohemia, como cualquier estado de ánimo, se estimula fácilmente con el vino; de ahí que "el bohemio" sea conceptuado como un individuo de vida licenciosa. No es así; la bohemia bien administrada, no desvía el rumbo y puede disfrutarse en toda su intensidad; desde el punto de vista terapéutico, pocas sensaciones son tan agradables y relajantes como una bohemia bien administrada.
Equivocadamente, el concepto actual de "bohemio" se aplica sólo a poetas, compositores, músicos y trovadores; hay un refrán, que reza: "de músico poeta y loco todos tenemos un poco"; pero el sentimiento bohemio es fecundo, capaz de manifestarse en cualquier área del pensamiento y la cultura: es verdad que aflora con facilidad en la música y la poesía.
El numen del poeta y del músico es más vulnerable a emociones generadas por el amor, el desamor, la melancolía y la miseria, pero el espíritu bohemio, de ninguna manera es monopolio de la música y la poesía, puesto que también manifiesta su belleza, en otras ramas de la ciencia, como la arquitectura, la literatura, sobre todo en la pintura. "La bohemia" es fascinante, en su padrón universal figuran seguidores "oyentes", que no cantan, no componen ni ejecutan instrumento musical alguno, pero captan y aprecian el sentimiento bohemio, a través del corazón.
La poesía en verso, conjuntamente con la poesía en prosa, constituyen las formas más finas de expresión del arte bohemio, dando como resultado hermosas obras que consagran a su autor y han hecho trascender su nombre más allá de la generación a la que pertenecen.
En México existieron bohemios que en contenidos de artículos como el presente, merecen ser recordados. En el género femenino tenemos en el siglo XVII a Sor Juana Inés de la Cruz, encabezando, su gran obra poética y literaria con las famosas "Redondillas". El siglo XIX fue pródigo en bohemios mexicanos con talento poético, entre los que destacan Manuel Acuña, Juan de Dios Peza, Antonio Plaza, Salvador Díaz Mirón, Ignacio Ramírez, Amado Nervo, Ramón López Velarde, Fernando Celada y un etcétera interminable.
El campo de la música no se queda atrás, aunque lamentablemente por haberles tocado la suerte de pertenecer a épocas lejanas, cuando legalmente no aparecía el registro de derechos de autor, existe una gama de connotados compositores mexicanos que permanecen en el anonimato y aunque sus nombres se perdieron en el tiempo, su exitosa obra clasificada como del dominio público, perdura a través del tiempo; así tenemos "La Pajarera", "La Barca de Oro", "El Venadito", "La Palma", "La Llorona", "El Cuaco Lobo Gateado", "la Embarcación", "El Chubasco", Etc.; también del dominio público son algunas canciones sonorenses, como "La Barca de Guaymas", "Sonora Querido", "La Cárcel de Cananea", Etc.
Es hasta el siglo XIX, cuando empiezan a destacar nombres de compositores de la talla de Juventino Rosas 18681894, autor del famoso vals "Sobre las Olas". Pero es en el siglo XX, cuando en México aflora una pléyade de compositores románticos como Miguel Lerdo de Tejada 18691932; María Grever, 18851951; Manuel M. Ponce, 18821948; Ricardo Palmerín, 18871964; Alfonso Esparza Oteo, 18941950; Ignacio Esperón, 18941968; Agustín Lara, 18971970; Lorenzo Barcelata, 19001943; Joaquín Pardavé, 19001955; Gonzalo Curiel, 19041958; Guty Cárdenas, 19051931; Luis Arcaraz, 19101963; "Chucho" Monje, 19101964; Alberto Domínguez, 19131975; Claudio Estrada, 19101984; Álvaro Carrillo, 19211969, Etc. En la música vernácula destacaron Víctor Cordero, 19141983; Cuco Sánchez, 19212000; José Alfredo Jiménez, 19261973; Tomás Méndez, 19271995. Etc. Mención especial merecen algunos compositores sonorenses como Manuel S. Acuña, 19111985; Rodolfo Campodónico, 18661926; Silvestre Rodríguez 18771955, que, aunque oriundo de Michoacán, es considerado sonorense, pues desde muy joven se radicó en Nacozari de García, donde casó y realizó toda su obra musical; Jesús "Chito" Peralta, 18871948 y el más prolífero compositor Sonorense recientemente fallecido Antonio, Valdez Herrera 19222007, sus canciones "Renunciación" y "Esta tristeza Mía" hicieron famoso a Javier Solís y "Tu Camino y el Mío" a Vicente Fernández.
En la ciudad de Hermosillo hace 15 años se formó un grupo de 23 bohemios, conocido como "Los Vampiros". Integrado por trovadores, ejecutantes de guitarra, guitarra melódica, requinto, acordeón, flauta, cantaautores, poetas, declamadores... Se reúnen el último sábado de cada mes; y desde hace 15, resultan ser los sábados más deliciosos del año. El lazo que los mantiene unidos es el convencimiento de que "gozar de la vida es cantar, cantar canciones del alma es gozar, es bonito cantar entre amigos, bohemios vampiros que saben ahogar en los acordes las penas y llenan sus venas de felicidad. Por eso a todos les pido que canten en coro conmigo, que al fin y al cabo la vida es más complacida con una canción, aunque cantando revivan las viejas heridas que el tiempo dejó.
Por ahora aquí la dejamos, sigan disfrutando el clima de esta hermosa primavera.


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