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Las RENUNCIAS

El ascenso de Biébrich fue efecto de la generosidad
del sol de Los Pinos...

"...Yo le pedí cuatro días para pensarlo y decidirle. Después de los cuatro días yo le dije al presidente Echeverría, personalmente, que estaba correcta
la selección que había hecho de Carlos Armando": Gobernador Faustino Félix, al periodista
Jesús Tapia Avilés.

Las RENUNCIAS

Por Samuel Ocaña

Para: Toño Duarte
Revista ¨Asì¨.

Recordar. Para suceder a don Faustino Félix Serna en su gubernatura, que terminaba el 12 de septiembre de 1973, el corrillo callejero y la élite política estatal barajaban varios renombrados nombres que exhibían suficiente estatura política y experiencia para conducir con madurez los asuntos públicos del estado.

Ninguno de los aspirantes osaba decir 'esta boca es mía', porque se concebía de antemano eliminado de la lista fundamental del partido, si se le aflojaba la palabra con altos decibeles que llegaran a la prensa.

Cualquiera podía lanzar al viento sus preferencias políticas, pero jamás el interfecto. Sólo se les permitía a éstos expresar sus sueños a sotto voce y en petìt comité.

Los aspirantes tenían que esperar calladitos la llegada del anhelado dedazo, índice, apuntándole que él era el consagrado de los dioses. Eran tiempos mexicanos de la política muda y el sobre lacrado.

Por el partidazo sonaban, como si se tratara de campanas de misa, los sonorenses de 'allá': Francisco Vizcaíno Murray, Alejandro Carrillo Marcor, Guillermo Ibarra y Carlos Armando Biébrich Torres; y de los radicados en Sonora, de 'acá', Armando Hopkins Durazo, César Gándara, César Tapia Quijada, Enrique Fox Romero, Javier Bours Almada, Alfonso Reyna Celaya, y uno que otro más, de a tiro escondidones. ¿Y los precandidatos de los otros partidos?; éstos eran embrionarios y no postulaban candidatos propios a gobernador.

Todos cumplían con la Constitución Política del Estado, menos el licenciado Biébrich, porque cumplía 33 años de edad, cuando que la Carta Magna local estipulaba 35 abriles, mínimo, para ser candidato; ¿y en cuanto a la edad máxima?, hasta con bordón. Que el licenciado Biébrich no contaba con la edad?, pues, cuál problema, faltaba más. Para arreglar tan minúsculo detalle, el gobernador don Faustino fue invitado a la ciudad de México, y viajó el 13 de diciembre de 1972; mientras el Delegado General del PRI en el estado, don Rodolfo González Guevara, declaraba a la prensa que la auscultación interna en el invencible para seleccionar al candidato, se haría hasta la segunda quincena de febrero de 1973. (Carlos Moncada). No obstante esta directriz del nadie se mueva, el 20 de diciembre del mismo 72, el profesor Jorge Piña Castro, diputado al Congreso local, informaba que el titular del Poder Ejecutivo del Estado enviaba una iniciativa de ley solicitando que se modificara la Constitución para rebajar la edad a 30 años, suficientes para calmar las ansias de cualquier novillero.

Las RENUNCIAS

"Creo que el licenciado Biébrich será un magnífico candidato y, si triunfa como gobernador de Sonora,
calará hondo en nuestra patria chica":
Alejandro Carrillo Marcor, Senador de la República.

Los diputados, siempre celosos defensores de los intereses generales de los representados, y haciendo gala de su independencia, votaron por unanimidad la enmienda a la Constitución, quedando así confirmado el postulado de la Constitución General de la República, de que Sonora también es un Estado Libre y Soberano. Una ley a la medida del favorito y al deseo del 'Señor Presidente'.

Finalmente, el día 21 de diciembre de 1972, estalló, urbi et orbe, la buena nueva de que el 'bueno' para gobernador era el Subsecretario de Gobernación, licenciado Biébrich, para cubrir el periodo del 13 de septiembre de 1973 al 12 de septiembre de 1979. El gobernador don Faustino volvió de México a Hermosillo, risueño, el mismo día que el tapado perdió la capucha. ¿Y los otros pre-candidatos, qué se hicieron?, pues, todos a uno, como los tres mosqueteros. Se escogió al mejor, dijeron, excepto Armando Hopkins, quien hizo rebelión, pero verbal, negándose a aceptar al destapado y a asistir a la fiesta del confetti en el 'Auditorio', lugar de la unción del abanderado del partido. La cosa no paso de ahí.

El senador don Alejandro Carrillo también le entra a la alabanza, y a pregunta de reportero manifestó: "Creo que el licenciado Biébrich será un magnífico candidato y, si triunfa como gobernador de Sonora, calará hondo en nuestra patria chica". Carlos Moncada, historiador, también refiere que don Faustino Félix, en 1979, le expresó al periodista Jesús Tapia Avilés lo siguiente:

"...el Lic. Mario Moya Palencia (Secretario de Gobernación) me trasmitió un recado del presidente Echeverría: que había pensado en Biébrich para gobernador, pero siempre y cuando yo estuviera de acuerdo, y que si yo no estaba de acuerdo buscaría otro candidato. Yo le pedí cuatro días para pensarlo y decidirle, (¡!). Después de los cuatro días yo le dije al presidente Echeverría, personalmente, que estaba correcta la selección que había hecho de Carlos Armando". Bueno, todo es posible en la paz. En tal caso, qué angustia tan atroz y qué sudar frío del presidente durante cuatro largos días de espera para que don Faustino le resolviera para Sonora, si su delfín sí o su delfín no. ¿Y qué tal si don Faustino se echa el trompo a la uña y le rechaza al licenciado Biébrich?

El candidato Biébrich no tuvo opositor y, por esta misma razón, realizó una campaña por el voto, intensa y a profundidad por todos los confines del estado. La inició el 6 de enero del 73, y en toda localidad, barrio o ranchería fue recibido con entusiasmo y esperanza. Los círculos políticos chilangos y de las provincias, le retribuían al licenciado Biébrich prestigio, talento y un futuro brillante. Disfrutaba de especial afecto y consideración del presidente Echeverría, puesto que su ascenso político era efecto de la generosidad del sol de Los Pinos. Toma posesión como Gobernador Constitucional del Estado el 13 de septiembre de 1973, portando una posición política inmejorable en el ámbito nacional, y un evidente apoyo del gobierno central. Por ello los sonorenses entendíamos que el terruño entraría en una etapa de desarrollo inimaginada, conducida por su joven timonel. En el ejercicio de su mandato, el pueblo participaba con entusiasmo en los propósitos y acciones de su gobierno. Se trabajaba en proyectos de gran alcance.

Sin embargo, la masa creciente de desocupados (miles venidos de los estados del sur) en los Valles Yaqui y Mayo; los campesinos sin tierra, y los jornaleros agrícolas que laboraban por periodos cortos estacionales, desesperaban por su pobreza; amén de estar convencidos de las nulas perspectivas de salir de la miseria. Asimismo, frente a una desigual distribución de la tierra y la acumulación de beneficios en pocos, conformó una crisis social que desembocó en invasión de tierras de cultivo. Legalmente se perfiló el delito. Se aplicó la ley con rigor. Entró la policía y el ejército en tierras ocupadas para efectuar el desalojo, el día 22 de octubre de 1975. El resultado fue siete campesinos muertos por bala, en Río Muerto, Guaymas, corazón del Valle del Yaqui.

El problema tomó dimensión nacional, se generalizó la ira campesina, ampliaron las invasiones e imperó la radicalización de las exigencias al gobierno por tierra. La presión social y política al Ejecutivo Estatal se tornó avasalladora. El gobernador renuncia al cargo en la mañana del sábado 25 de octubre de 1975, para no ser obstáculo en el esclarecimiento de los hechos -dijo- y para coadyuvar al encuentro de la verdad, que obligue la aplicación de la ley a los responsables del cruento episodio. Claro, jamás se realizó investigación alguna. La eterna impunidad mexicana. Un año después, en noviembre de 1976, llegó el reparto agrario en los Valles Yaqui y Mayo, y de terrenos ganaderos. Se entregaron a los campesinos 37,600 hectáreas de riego y 61,555 de agostadero a ocho mil solicitantes que construyeron 84 ejidos colectivos. Pasaron seis años, y en 1982 los dotados fueron agrupados y asentados en doce nuevos poblados contiguos a las tierras recibidas, y cuyas casas familiares en cantidad de ocho mil, fueron construidas con las manos de los propios campesinos.

La realidad política en la entidad, a la caída del gobernador, traducida en incertidumbre y zozobra por la turbulencia desatada, la población deseosa de orden y paz, y por otra parte el pensar en los posibles impactos políticos en los municipios, impulsó a algunos ediles a reunirse para analizar la situación y definir la mejor forma de apoyar el encauzamiento pacífico del estado. Se consideró un deber moral y político hacerle saber al ex gobernador los resultados de tales deliberaciones edilicias, y estuvieron en audiencia con él en la residencia oficial a las 18 horas del día siguiente de su salida, domingo 26 de octubre del 75, los alcaldes Rubén Payán, de San Luis Río Colorado; Felipe Bárcenas, de Guaymas; Manuel Castro Téllez, de Huatabampo; Adalberto Bernal, de Agua Prieta; Oscar Palacio Madueño, de Puerto Peñasco; Rodolfo León Manzo, de Cajeme; Ricardo Silva Hurtado, de Nogales; Jesús Ahumada, de Cananea; Alfonso Aguayo Porchas, de Hermosillo; y Samuel Ocaña, de Navojoa.

Los jefes de los Ayuntamientos saludaron con afecto a su ex jefe político. Él correspondió: "A sus órdenes, señores presidentes". El alcalde de Navojoa, en cumplimiento de encomienda expresó: "Señor licenciado Biébrich, los aquí reunidos hemos analizado lo que está sucediendo en el estado, y acordamos informarle a usted de nuestra decisión tomada de renunciar a nuestros cargos a fin de facilitar al nuevo régimen el manejo político y administrativo, que siendo eficaz, permita el encauzamiento de la convivencia sonorense; y también para no dar pié a que, en base a odios, rencores y ambiciones, se nos señale que por formar parte de su equipo de trabajo político pudiéramos constituir un obstáculo para las directrices políticas y objetivos del nuevo gobierno".

El ex gobernador Biébrich responde: "Señores alcaldes, no estoy de acuerdo con su decisión de renunciar a sus cargos; a ustedes no los nombró presidentes municipales el gobernador Biébrich, fue el pueblo de sus municipios el que les entregó su confianza y cargo para que coordinaran sus esfuerzos de trabajo. Ustedes sólo tienen compromiso con sus pueblos, y su responsabilidad es irrenunciable. Les solicito que continúen al frente de sus Ayuntamientos. A la brevedad posible, les sugiero entrevistarse con el gobernador don Alejandro Carrillo; pónganse a sus órdenes, coordínense y comprométanse en lealtad política con él, y secunden con fidelidad las políticas y proyectos que impulse. Señores presidentes: Honren su cargo, honren la confianza que el pueblo depositó en ustedes, honren la lealtad y cooperación que merece el gobernador Carrillo, y honren la lealtad debida a Sonora".

Treinta y dos años después podemos recordar que los 10 alcaldes presentes y los ausentes terminaron sus periodos constitucionales, con relaciones de coordinación respetuosa y constructiva, y todos ellos contaron siempre con el apoyo generoso del gobernador interino Alejandro Carrillo Marcor.


Samuel Ocaña
23 de diciembre/07.
Hermosillo, Son.

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