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El político que no tiene sentido del humor y carece de capacidad para reírse
de sí mismo, no sirve
para gobernar...

Comentan por ahí que la risa es muy buena
para el cuerpo y mucho mejor para el alma.

Sentido del humor,
EL MEJOR DE LOS ACTIVOS


Por Miguel Ángel MURILLO AISPURO


En la vida, tarde que temprano nos damos cuenta que hay cosas más valiosas que las prisas y el desbocado e irracional consumo, que caracterizan la ambición de tenerlo todo, en los que creen que las cosas constituyen ese todo que el hombre necesita para su felicidad. Olvidamos con frecuencia que la independencia, la libertad, la dignidad, lo suficiente, el decoro y hasta el sentido del humor, son bienes invaluables que forjan al hombre y a las sociedades.

El sentido del humor, que pretende ser el tema central de esta colaboración, sólo se adquiere al entender que la alegría es uno de los pocos vicios buenos de la vida; está en el fondo de todo; sin él no hay sabiduría, y quien no lo ejercita ni lo comparte, se convierte en gente grave, sospechosa y hasta peligrosa.

Por eso, frente a los enredos políticos del pasado reciente y la ineficacia de quienes ejercen el poder, nos sentimos agredidos ante la rancia solemnidad con la que muchos de ellos aparecen en los diversos medios de comunicación, haciéndonos concluir que la política, para esos personajillos, no es más que un sistema de simulaciones, imposiciones y manipulaciones, donde no asoman las posibilidades de que la naturalidad, la modestia, la sinceridad y el sentido del humor, sean las características esenciales en la personalidad de quienes nos gobiernan o desean gobernarnos, bajo la premisa de forjar una sociedad más justa, más satisfecha y, por tanto, más alegre.

El político que no tiene sentido del humor y carece de capacidad para reírse de sí mismo, no sirve para gobernar; porque el sentido del humor, además de ser una refinada forma de la inteligencia, no riñe con la eficiencia y la fundamental honestidad que la sociedad reclama.

Alguna vez el ex presidente ruso Nikita Khrushchev dijo lo siguiente: "La diferencia principal para la historia del mundo, si me hubieran disparado a mi en lugar de a Kennedy, es que Onasis probablemente no se hubiera casado con la señora Khrushchev."

Ese sentido del humor espontáneo y no comprometido, ha sido un sólido activo en la actuación de muchos dirigentes políticos exitosos en el mundo. Su valor se refleja también en el riquísimo anecdotario político mexicano, en los inspirados refranes y hasta en las típicas 'charras' que nos dan cuenta de los tropezones y angustias que eternizan en la cultura popular a nuestros políticos más folklóricos y agudos, tanto en el plano nacional como en el estatal y municipal.

Los especialistas nos dicen que el sentido del humor es un antídoto eficaz contra la solemnidad de algunos, y nos ofrece una dimensión de la opinión pública que no conviene ignorar, cuyo impacto en el mismo sistema político bien valdría la pena evaluar.

Y aunque las anécdotas, refranes, relatos y chistes no siempre pretenden denigrar ni ofender a las víctimas, resultan más amenazantes cuando son escritos; pues se convierten así en un rico e interesante registro histórico, que afecta -para bien o para mal- la imagen presente y futura del político.

¿Quién no recuerda las constantes alusiones a la fealdad de Gustavo Díaz Ordaz; o las anécdotas que se cuentan sobre la influencia y el colorido folklore de doña Esther, la esposa de Luís Echeverría?, ¿o aquella tan histórica como histriónica expresión de José López Portillo: "Defenderé el peso como un perro"; o las mofas que inspiraba el carácter flemático y pausado de Miguel de la Madrid y su fracasada renovación moral?, ¿y qué decir de las exitosas máscaras con el rostro de Carlos Salinas de Gortari, que por miles se asomaban en cada manifestación contra su gobierno?

Tampoco olvidamos el escarnio contra Ernesto Zedillo por "el error de diciembre" y su anodina personalidad, que de ninguna manera se debe a su vocación de bolero. Pero ¿qué decir del personaje predilecto de las parodias y las caricaturas que responde al nombre de Vicente Fox, y que para desgracia de México y de su propio partido, ostenta el honroso título de ex presidente de la República; sin separarlo de su inseparable, protagónica y 'acomodada' esposa Martha, tan encariñada de México y de sus acomodados herederos de apellido Bibriesca. ¿Y qué decir a estas alturas de su singular vocero, que a falta de micrófono ahora defiende a su ex jefe escribiendo libros en sociedad con Jorge Castañeda?

Resulta verdaderamente irónico que el político luche tanto por el poder y, ya en él, se afane angustiosamente por un decoroso lugar en la historia, y termine en muchos casos en los abultados tomos de la picaresca mexicana.

Quisiera apuntar algunas formas espontáneas de este humor que vienen a mi memoria: Las de aquel presidente municipal, cuyo nombre era Hipólito, y que por cometer tantas barbaridades durante su gobierno, la gente le cambió de nombre, le puso "Insólito".

O la del presidente que era muy feo y tenía un adversario político muy agresivo que le acusaba de ser un hombre de dos caras, refiriéndose a la hipocresía con la que se conducía, a lo que el respondía: "¿Quién podrá dar oídos a una acusación tan burda? ¿Quién podría creer que si yo tuviera dos caras, andaría con ésta?"

O la de aquel alcalde a quien le preguntaron, en una reunión sobre población, que sí cuál era el índice de mortalidad en su municipio, a lo que él contestó muy seguro y con una pose de sabelotodo: "Un muerto por persona".

Toda generalización es injusta, que se entienda bien, pero lo que a veces hace inolvidables a muchos de nuestros políticos, es el ridículo en el que constantemente caen, en su desesperada y a veces ignominiosa carrera por el poder.

Así, recordamos aquel personaje al que el dirigente de su partido le preguntó que si quería la presidencia municipal, y él contestó: "No sólo la quiero, sino que ya siento que la amo, y además… ¡me urge!".

O aquel candidato que por cuarta ocasión buscaba la presidencia municipal, al que le preguntaron el poderoso motivo que le impulsaba a buscar la alcaldía, y dijo con un tono y una pose doctoral a la Giovanni Sartori: "Mira, es muy sencillo, cuando eres presidente municipal y pides un raite, el dueño de la troca te lo dá y te sube en la cabina; y cuando no eres presidente, si te llegan a dar el raite, de muy mala gana, te echan en la caja de la troca, ¿verdad que cambia la cosa?".

Dicen que la historia ha sido escrita por los vencedores. Pero son los ciudadanos, por medio del sentido del humor, quienes reordenan y expresan a su manera sus valores, sus símbolos y sus verdaderos héroes, en forma distinta a la que nos ofrece la historia escrita. Así, como dicen algunos, es el humor político lo que representa 'la visión de los vencidos' y revela la disidencia ignorada por la historia oficial.

Por eso, una de las mejores banderas que podemos enarbolar este 2008 que se asoma incierto, como respuesta certera a la manifiesta ineficiencia y ridícula adustez de muchos de nuestros políticos, es la risa. Así de sencillo. Además, comentan por ahí, es muy buena para el cuerpo y mucho mejor para el alma.

En mi memoria guardo un graffiti que recogí en una de mis andanzas: "Huid de los individuos impermeables a la alegría, pues su presencia insípida puede aburrir y hasta contaminar".

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