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Nueva noticia DEL DESASTRE EDUCATIVO

La buena educación es más comprensión que memoria, más atención a la lectura que gramática pura, más cálculo aplicado que reglas mecánicas, más capacidad interpretativa, más habilidad para encontrar la información pertinente y para entender
y argumentar.

Nueva noticia
DEL DESASTRE EDUCATIVO

Por Enrique PROVENCIO

Te agradezco mucho, estimado Toño, la invitación a colaborar en este número de aniversario, y también te agradezco que me hayas permitido cambiar de tema. Habíamos quedado en que escribiría sobre las perspectivas económicas para 2008 y sus posibles repercusiones sobre Sonora, luego de conversar sobre el rumbo que está tomando la política social en México. De esto último pude hablar en octubre pasado en una conferencia en la UNISON, a la que me invitaron como parte de las actividades de preparación para una nueva maestría, y espero que en los próximos meses me des oportunidad de regresar a tales asuntos.

Propuse cambiar de tema pues pensé que en este número de Revista Así resulta oportuno comentar los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por las siglas originales) 2006, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y que incluyó en esta ocasión a 57 países. La OCDE tiene 30 miembros, casi todos desarrollados, así que los resultados le permitieron a México una comparación más amplia y realista.

De los resultados de PISA 2006 ya se ha comentado bastante a partir del 4 de diciembre pasado, cuando se presentaron las principales conclusiones, pero a la vez se ha dicho poco considerando la riqueza de los informes. El dato más crudo es que México no sólo resultó de nuevo en el último lugar entre los 30 países socios de la OCDE, sino que también se ubicó entre los más bajos considerando a la totalidad de los 57 países en los que se aplicaron las pruebas.

La representante de la OCDE en México ha dicho, creo que con razón, que lo más significativo no es la posición en la que quedamos, sino algunos otros aspectos que en realidad agravan el panorama.

El siguiente es un ejemplo: seguimos en lugares bajos a pesar de que el desempeño mexicano de 2006 haya mejorado respecto a 2003, al menos en matemáticas.

¿Qué ocurre? Que para ganar en posiciones globales no basta con avanzar un poco o por encima de los de abajo, lo cual es una dramática perogrullada, pero que nos mantiene en el fondo de las clasificaciones. En distintas evaluaciones nos ha pasado lo mismo: seguimos quedando mal ubicados en desarrollo humano, transparencia, competitividad, gobernabilidad, calidad ambiental y en otros campos en los que México tiende a colocarse en lugares que van del 45 al 60, y con tendencias al estancamiento o incluso a empeorar. Antes nos rezagábamos frente a los países desarrollados, y ahora también ante algunos países en desarrollo.

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Uno de los grandes misterios políticos contemporáneos es cómo se transitará hacia un sindicalismo magisterial democrático, que milite a favor de la calidad educativa protegiendo responsablemente a sus afiliados...

PISA 2006 se enfocó sobre todo en las habilidades en ciencias. La prueba se aplica a jóvenes de 15 años, y cubre también la lectura y las matemáticas. Para nuestro caso llama la atención que los jóvenes mexicanos califican mejor en las aspectos científicos que implican memorizar y repetir, pero muy mal en lo que se refiere al uso del conocimiento para resolver problemas. Y esto, nos dicen los expertos de la OCDE, puede hacer la diferencia en las capacidades de la próxima generación para competir en el mundo y para desarrollarnos mejor. La buena educación, lo hemos oído tanto y nos lo refresca PISA 2006, es más comprensión que memoria, más atención a la lectura que gramática pura, más cálculo aplicado que reglas mecánicas, más capacidad interpretativa, más habilidad para encontrar la información pertinente y para entender y argumentar.

En los años recientes se ha dicho hasta el cansancio que no habrá desarrollo sin una inserción correcta en la sociedad del conocimiento y la información. Lo malo es que más de la mitad de nuestros jóvenes de 15 años resultaron reprobados en dos de los principales campos del conocimiento: ciencias y matemáticas, y en lectura la nota apenas fue mejor. La descripción de los resultados podría requerir cientos de páginas, pero quiero aprovechar esta oportunidad en la Revista Así para referirme también a las recomendaciones concretas que se hicieron para nuestro país.

La primera recomendación no es técnica, ni presupuestal, ni pedagógica; es de otra índole: se refiere a la necesidad de establecer un compromiso moral actuante a favor de la reforma del sistema educativo. Un compromiso moral no es declarativo y mucho menos retórico: tiene que expresarse en un acuerdo político y práctico. Según las propuestas, debe traducirse ante todo en una mejora de los contenidos curriculares, en la calidad de la enseñanza y en la evaluación para el aprendizaje.

Las principales medidas prácticas tendrían que ver con más recursos pero sobre todo con una mejora de calidad del gasto, con un esquema de competencias mejor equilibrado entre la política educativa y su aplicación en los estados, un profesorado más grande y bien pagado, mejoras concretas en la escuela y el salón, grupos de menor tamaño, definición más precisa de los criterios de evaluación y de metas para alcanzar los logros, establecimiento de prioridades para atacar la desigualdad, ayuda efectiva para los alumnos que se atrasen, un horario con más tiempo para aprender y que facilite las cosas a las familias, entre las más importantes.

Vistas por separado, ninguna de estas recomendaciones es novedosa. Se las hemos escuchado durante décadas a expertos y funcionarios, al magisterio y al alumnado y quizá sobre todo a los padres y madres que sí se presentan a las reuniones escolares y se dan cuenta de las causas del rezago educativo. Es más, se ha intentado aplicar la mayoría de las medidas en diferentes momentos y con distintos grados de compromiso. Y aquí parece estar buena parte del problema: en la falta de una reforma abarcadora, que se mantenga firme en el tiempo, que parta de evaluaciones rigurosas, que aprenda mejor del resto del mundo.

Lo que ahora está ofreciendo PISA 2006 no es una ocurrencia que pueda descalificarse con suspicacias xenofóbicas. Muchas de las reacciones que escuchamos o leímos en las semanas recientes sólo delataron el lamentable estado de ánimo nacional: líderes que se lavan las manos, autoridades que se tapan los ojos, y una sociedad que prefiere no saber lo mal que estamos. La nuestra fue una respuesta defensiva, en el mejor de los casos, pues en general se prefirió ignorar las nuevas aunque muy documentadas muestras del desastre educativo.

Pisa 2006 nos coloca otra vez frente a la verdadera magnitud de lo que hace casi década y media Gilberto Guevara Niebla llamó nuestra catástrofe educativa. Desde entonces Gilberto aludía a lo que hoy es el fantasma de una reforma educativa: la política sindical magisterial y el contubernio gubernamental con su dirigencia, que al paso del tiempo se volvieron piedra de toque de campañas electorales. Uno de los grandes misterios políticos contemporáneos es este: cómo se transitará hacia un sindicalismo magisterial democrático, que milite a favor de la calidad educativa protegiendo responsablemente a sus afiliados. Y si lo anterior se consiguiera pronto, quedaría también por resolverse el otro gran rezago: el insuficiente compromiso social y familiar con la educación.

PISA 2006 nos dejó un gran tema para el presente año, y en realidad para mucho tiempo. Las siguientes pruebas se aplicarán el 2009. Si ahora hubiera cambios significativos desde preescolar e inicios de la primaria, las mejoras en PISA se estarían viendo allá por el 2018. Si la mejora también fuera desde ahora en la secundaria, el efecto ya se estaría viendo en 2012. Hay casos de avance muy rápido como respuesta a las evaluaciones rigurosas.

Felicidades por este aniversario de Revista Así, y gracias de nuevo por la oportunidad de colaborar en esta edición, estimado Toño.

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