La encrucijada DEL PRI
A seis años apenas de su derrota,
para sorpresa de muchos el PRI es un muerto que camina y,
para incredulidad de otros, es un proyecto que reinicia.
Por Eduardo CHARLES PESQUEIRA
Están
citados para febrero 18, a fin de que se vote por un nuevo
dirigente nacional; 2007 es un año electoral por excelencia,
y quien triunfe presidirá un partido en plena contienda
con 14 procesos en desarrollo.
En
su interior, podríamos afirmar, se baten dos vertientes:
la conformada por algunos gobernadores venidos de disfrutar
una provechosa cercanía con el Ejecutivo federal saliente;
la otra impulsada tal vez por los grupos que, de manera cohesionada,
hacen política en las cámaras del Congreso federal
bajo la figura de diputados o senadores.
La
disyuntiva nace dado que del éxito de la elección
programada dependen los éxitos en las elecciones de
este año y las intermedias de 2009; si los gobernadores
se alzan con el triunfo, corren el riesgo como partido de
verse allanados a los designios del Ejecutivo federal presente,
convirtiendo en entrega fácil lo que bien puede ser
motivo de mejores negociaciones futuras en el Congreso de
la Unión.
El
sexenio de Fox al parecer fue utilizado por la clase política,
que en ese momento ejercía el poder para afianzar estos
dos grupos de singulares cualidades: uno, el de los gobernadores
que, olvidando ideologías y lealtades, continuaron
en el desarrollo de su ejercicio político, logrando
alianza con el gobierno foxista, vía eficientes intermediarios
como Elba Esther Gordillo; alianzas que se continuaron hasta
el proceso electoral pasado, dando por resultado el triunfo
que conocemos. El otro grupo se fraguó mientras, en
la operatividad política de las cámaras del
Congreso de la Unión en dónde, no contando con
un apoyo firme y de unidad de parte de todos los sectores
y fuerzas del partido, este grupo tejió una red política,
planteando con ella una posible estrategia a futuro, que empezamos
a ver.
Así,
mientras los gobernadores hacían su plan para el momento
y acorde al plan de Fox, las fuerzas del Congreso preparaban
el tinglado buscando enfrentar con pertrechos los procesos
electorales por venir.
Hoy
de nuevo se exhibe algo parecido a una política de
inmediatez por parte de ciertos gobernadores priístas,
que apuestan su éxito a seguir de la mano del Ejecutivo
federal; bien harían en repasar la lección y
recordar que en el año 2000 la presidencia la ganó
Fox dado que el PRI, durante dos décadas pasadas, se
olvidó de los postulados revolucionarios que se suponen
le dan esencia, para religiosamente apegarse de manera gradual
pero constante a los designios de la ortodoxia neoliberal
de derecha -del club de Roma al TLC-. Por eso perdieron.
Sería
bueno igual comprendieran que, con la debilidad del presidente
Fox en el Ejecutivo, el Poder Legislativo aprovechó
para implementar los cambios que le sumaron poder, poniendo
una estocada final al presidencialismo como sistema, amén
de que, por lo cuestionado del triunfo de Felipe Calderón
y el acoso constante de la oposición del PRD, hacen
suponer al de Felipe como un gobierno propenso a las presiones
y al debilitamiento.
Un
triunfo de los gobernadores igual podría servir para
mantenerlos comprometidamente adentro del partido. Los priístas
no deben soslayar el hecho de que la coyuntura los hace valiosos,
no obstante ser el tercio menor; recordemos que gracias a
su apoyo Felipe Calderón logró quorum y consenso
para su toma de protesta; y, así como en ese momento,
y quién sabe a que precio político, hicieron
acuerdo con la derecha del PAN, igual lograron después
acuerdo con la izquierda productiva del PRD y matizaron de
social el presupuesto enviado en diciembre por el Ejecutivo,
que entre otras propuestas incluía reducir recursos
a la educación.
Con
lo anterior se resalta que, al tiempo, el PRI puede constituirse,
para efectos de la aritmética legislativa, en factor
de gobernabilidad y requisito sine qua non de los acuerdos;
para ello, al vislumbrar la valía de su posición,
debe definirse en sus futuras posturas de gobierno; está
claro y es incuestionable que la doctrina neoliberal y de
derecha extrema que predica el Ejecutivo federal ya dio lo
suyo, sucediendo en muchos pueblos que la sociedad, al denotar
que en los sexenios de su aplicación no ha habido desarrollo
sustancial en la calidad de vida, opta por radicalizar sus
posturas, como ya lo vimos en la elección pasada.
En
la elección de dirigente, el PRI se juega los éxitos
de su futuro; si asimila su valor histórico y logra
ubicarse, ecuánimemente entenderá que como partido
tuvo éxito en las mejores etapas del presidencialismo
ya ido, y que de lograr una dirigencia de unidad y con poder,
pueden ser parte de las importantes etapas del nuevo parlamentarismo
en construcción.
Si
1910 fue importante por la interrupción de treinta
años de Porfirio Díaz en el poder, el año
2000 lo fue más porque escenificó al PRI perdiendo
la Presidencia de México, que conservaba desde que
en 1929 Plutarco Elías Calles lo fundó. Por
ello, a seis años apenas de su derrota es interesante
analizar cómo para sorpresa de muchos el PRI es un
muerto que camina y, para incredulidad de otros, es un proyecto
que reinicia.
* Eduardo Charles Pesqueira es presidente
del Partido Verde Ecologista en Sonora.
jecharlespesqueira@hotmail.com