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Don José Ulises Macías Salcedo
Los señalamientos de Tomás Herrera no están alejados de la realidad; tanto así que en su momento el arzobispo de Hermosillo, José Ulises Macías Salcedo, ha reconocido que es necesaria una mayor participación de los laicos para evitar que los fieles católicos deserten y se unan a otras religiones.

En una nota informativa publicada hace dos años en el periódico El Imparcial (firmada por María del Carmen Salazar), Ulises Macías dijo:

"El día que toda la Iglesia, laicos y sacerdotes cumplieran su misión y evangelizaran, sería más fácil mantener y hacer crecer la fe de todos los bautizados".

Cabe anotar, ciertamente, que Ulises Macías se refirió exclusivamente a lo que concierne a la evangelización:

"Es importante que los laicos se acerquen para prepararse y ayudar a llevar el Evangelio a la conciencia de todas las personas hasta donde estén, pues aunque algunos apoyan, el trabajo es grande y los trabajadores insuficientes".

De otras posibles tareas con las que los católicos sonorenses bien podrían colaborar -como Tomás Herrera lo señala en la entrevista publicada aquí-, el arzobispo de Hermosillo nada dijo en aquella ocasión.

En riesgo de convertirse en minoritaria LA IGLESIA CATÓLICA DE SONORA

De seguir postergando su renovación,
en 20 años la Católica podría ser
una iglesia minoritaria en el Estado,
dice Tomás Herrera Seco.

Por: Edgardo CARRILLO LÓPEZ

La lentitud hacia el cambio y la anticuada organización de la Iglesia Católica de Hermosillo ha provocado que la necesidad espiritual de los sonorenses sea llenada por otras propuestas cristianas, a grado tal que, de seguir así, en máximo 20 años podría ser una iglesia minoritaria en el Estado.

Así lo estima Tomás Herrera Seco (sacerdote, filósofo y periodista, quien divide responsabilidades entre su trabajo como presbítero, escritor y comunicador), a quien de manera especial preocupa la actitud entre la jerarquía católica de esta región y los grupos sociales que él identifica como "los pudientes de la comunidad", al haber entrado ambos en un maridaje de conveniencias que impide apostar por una iglesia profética y actual.

En las buenas relaciones sucede que quien más sabe ayuda a quien menos sabe; y esto ha fallado en la relación de la Iglesia Católica de Hermosillo con sus feligreses intelectual y económicamente solventes, opina Herrera y agrega:

"Pudieron haberla apoyado en la renovación de sus estructuras y eficacias, como han hecho en sus correspondientes empresas para un mejor servicio a la comunidad; pero no fue así; espiritualmente se ha apostado por una Iglesia conservadora y silenciosa".

Tomás Herrera Seco

Como buen analista de la evolución de los últimos 25 años en el Estado de Sonora, Herrera considera que esta situación es particularmente delicada en el caso de la Arquidiócesis de Hermosillo, pues no se está tomando en cuenta su condición de frontera, donde permean dos realidades: la norteña de México y la de los Estados Unidos. Y conforme a ello -enfatiza- la Iglesia aquí no lo tiene fácil, dada la suma de las dos culturas; y con base en esta exigente realidad se requiere más iluminación y atrevimiento contra menos conservadurismo que en otras diócesis de México.

"Es una torpeza histórica el no saber reaccionar inteligentemente ante ese dualismo social que se nos presenta a los norteños. Las tendencias que llegan de Norteamérica -con especial influencia en las nuevas generaciones- son dinámicas, plurales y expresivas, en tanto que la oferta de la Iglesia Católica de Sonora resulta estática, fría, anticuada, lenta. En nuestras iglesias, ir a misa los domingos es altamente aburrido".

Afirma que con esto podemos "presuponer que si el catolicismo de Sonora sigue este ritmo de miopía, corre el riesgo de pasar a ser una iglesia minoritaria en no más de 20 años".

NO HAY VACÍO ESPIRITUAL
Lo más preocupante -dice- es que esto ocurre no porque los sonorenses hayan caído en un vacío espiritual: "Son religiosos, hay una comunidad hambrienta de una vida espiritual y mística; lo corrobora el éxito de las agrupaciones cristianas que se han ido instalando en Sonora y que han logrado una inmejorable respuesta de la gente".

Al cuestionarle cuál es entonces el problema, Herrera Seco insiste en que no hay un vacío espiritual como tal, "sino la necesidad de una evolución en las formas de la Iglesia Católica", pero a la vez advierte que ello ocurre no porque la Iglesia no quiera cambiar y adecuarse a los nuevos tiempos, sino porque en nuestro Estado la institución religiosa cuenta con estructuras obsoletas.

Y ejemplifica: "Nos falta un gran proyecto económico autónomo y sustentable para toda la Diócesis; templos e instalaciones modernas; redes de laicos comprometidos a tiempo completo; un diaconado permanente con hombres casados; canales de financiamiento y crédito que respalden el trabajo de los sacerdotes que son enviados a abrir nuevas comunidades; liturgias pedagógicamente activas y participantes; sacerdotes preparados no sólo teológicamente, sino en temas necesarios para liderar una comunidad, como es administración, economía, comunicación... la ausencia de estos aspectos -fundamentales en cualquier organización moderna- generan dificultades para una renovación integral de la Iglesia Católica de Hermosillo".

Habla de las buenas intenciones de la Iglesia Católica, e incluso de la fortaleza y estabilidad históricas que como institución tiene, pero también reconoce que eso mismo ha desembocado en una estructura muy pesada como para esperar de ella un cambio repentino.

"No es justo afirmar que nuestra Iglesia no haya sabido o querido adecuarse a los tiempos y necesidades de la gente; sí lo ha venido haciendo; ahí están los Concilios (la única religión en el mundo que, siglo tras siglo, ha hecho examen de conciencia y cambios), lo que pasa es que al ser una institución universal y milenaria le está costando mucho trabajo adecuarse a esta nueva actualidad, tan acelerada y plural. Se requiere (y hay una parte de la Iglesia que está luchando mucho para conseguirlo lo antes posible) el delegar en los países y en las regiones del mundo (a las conferencias episcopales) la capacidad de que cada pueblo regule y administre su praxis religiosa. Esto no dañaría el fondo de las verdades universales, pero sí la forma de expresión, adecuada a cada cultura", afirma Herrera.

Sin embargo, se le hace ver que a él en lo personal le gustaría mucho que la Iglesia Católica cambiara más rápidamente, a lo que comenta:

"Estoy deseando los cambios. Pero así como por un lado me siento un bautizado visionario y atrevido de la catolicidad, y deseo que cuanto antes la Iglesia tenga entrañas de misericordia hacia las nuevas realidades -situaciones, hombres y mujeres, que requieren del amor misericordioso de la iglesia más que la condenación eterna-, entiendo también el gran esfuerzo que se necesita para que esta institución milenaria ponga un hasta aquí al antes para pensar en el presente y en el futuro.

"La Iglesia Católica sigue viviendo de las rentas de su historicidad, quizá porque hay todavía una generación de patriarcas que conservan muchos compromisos terrenales de imagen, economía, posiciones, y tienen miedo de perder sus prerrogativas", sentencia Herrera, quien sin vacilación expresa su sentir en este aspecto:

"Tengo ganas de que pase esta generación de dinosaurios que nos impide avanzar como Dios manda, no como ellos quieran".

LAS CULPAS DE LOS RICOS
En concreto, opina Herrera, la Iglesia Católica necesita adoptar nuevas formas de fortaleza económica y de financiamiento, porque es denigrante y antitestimonial que en estos tiempos siga viviendo simplemente de la limosna, "sin saber delegar en los laicos responsabilidades suficientes para conformar una estructura financiera moderna".

Puntualiza: "En esto mucho ha tenido qué ver la falta de una ayuda inteligente y dispuesta de parte de los católicos económicamente más solventes, que han omitido una verdadera ayuda de orientación y estructuras económicas, como hacen en sus empresas, y con la Iglesia han seguido propiciando el juego de la limosna en vez de una estructura económicamente firme".

Dice que eso ha incapacitado a la Iglesia sonorense para emprender proyectos de gran envergadura en todos sentidos, y va más allá al denunciar que la Iglesia Católica de Sonora se ha dejado engañar por los ricos de la comunidad.

"Hasta este momento los ricos siguen fomentando un apoyo a la Iglesia desde formas obsoletas y lastimosas, como son las limosnas, las quermeses, los patronatos. No han querido ayudarla a fermentar un proyecto financiero solvente, el cual los ricos saben que es indispensable para cualquier organización eficiente.

"Ello no implica que el diezmo cotidiano (o limosna dominical) las quermesesconvivencias y otras iniciativas menores tengan que desaparecer; son buenas para la corresponsabilidad diaria o para pagar los créditos obtenidos en una comunidad católica. Pero de ahí a que toda una Diócesis o una parroquia estén sujetas a una economía feudal, eso ya es obsoleto e ineficaz

Por si fuera poco -señala- eso es algo que ellos, los ricos, pueden hacer fácilmente, pues "cuentan con la experiencia y los medios para impulsar junto con la iglesia toda una estructura económica que la dote del patrimonio necesario y las operaciones financieras pertinentes como para lograr resultados de mayor capacidad para actuar e irse regenerando como institución".

Se le cuestiona si no será que a esos grupos de la comunidad no les conviene la independencia de la Iglesia para, así, tener cierto grado de control sobre ella, a lo que responde:

"Pues habría que preguntárselo a ellos. Pero yo creo que consciente o no, los ricos de Sonora han abusado de la Iglesia; la tienen comprada. Ellos aparentemente apoyan con esos formatos caducos que no sirven para nada, y a cambio reciben indulgencias para que la Iglesia no denuncie las aberraciones e injusticias que muchas familias ricas cometen en los ámbitos de los negocios y las inversiones.

"Si de verdad amasen a la Iglesia Católica y la sintieran como un instrumento útil y eficaz en nuestra cultura, para el bien de ellos y de sus hijos y nietos, la ayudarían con proyectos viables para que se convierta en una instancia fuerte contra las peligrosas corrientes que están amenazando los cimientos éticos de nuestra comunidad sonorense".

LAS CULPAS DE LOS CURAS
Pero si bien esos grupos económicamente poderosos cargan su grado de culpa, al preguntarle al padre Herrera sobre la que corresponde a las cabezas de la arquidiócesis de Hermosillo, opina sobre el arzobispo emérito don Carlos Quintero Arce:

"Don Carlos fue una gran figura en lo individual, es un gran hombre, culto y bueno; pero le falló la capacidad de hacer escuela, de crear las estructuras para los tiempos modernos.

"Fue enviado a Sonora para poner en marcha la renovación planteada por el Concilio Vaticano Segundo, y es verdad que sufrió mucho con el gran peso histórico de don Juan Navarrete y Guerrero; pero, cuando le llegó su hora, don Carlos como que fue vencido más por las circunstancias que por su coraje organizativo. Se convirtió en una figura singular, atractiva y curiosa, pero no obtuvo los resultados que sin duda quiso haber tenido. Quizás no supo plantear con autoridad su proyecto ante un presbiterio muy conservador y que se encontraba perfectamente acomodado en una línea de Iglesia".

Sobre el arzobispo José Ulises Macías Salcedo, opina: "Don José Ulises llegó con aires de frescura y renovación, había muchas esperanzas puestas en él, pero quizá por su situación de salud delicada, o tal vez por una excesiva bondad personal, han pasado ya 10 años y no se han visto cambios radicales en las formas de la arquidiócesis de Hermosillo.

"Un Obispo es como un gobernador, le tiene que meter muchas ínsulas a su gobierno. La comunidad católica en general desconoce si hay proyectos, objetivos, metas de trienio, sexenio. Hay ausencia de información, de cartas pastorales como instrumentos de orientación al pueblo cristiano ante problemas sociales específicos, sobre los que se deben tener criterios muy claros.

"Yo comprendo que tiene un equipo de sacerdotes muy reducido, que son pocas las vocaciones, y que algunos sacerdotes, como humanos que son, generan problemas; y todo eso desgasta. Pero también es importante que se acerquen a él los católicos capacitados para ofrecerle apoyos reales de cambio y transformación, así como un afán de su parte por encontrar instrumentos eficaces en la comunidad que sirvan para lograr resultados eficaces y satisfactorios".

REPERCUSIONES HASTA EN LO LABORAL
Toda esta situación por la que actualmente atraviesa la Iglesia Católica en Sonora, tiene repercusiones incluso en cuestiones aparentemente alejadas de lo religioso, como es el caso de las empresas que cada vez más prefieren contratar a trabajadores que miembros de iglesias cristianas.

"No se trata de una impresión personal; si hablamos con la mayoría de los empresarios sonorenses, nos dirán que entre sus colaboradores más consecuentes y honrados están aquellos comprometidos con formas religiosas distintas a la Católica, y que en cambio los más irresponsables y conflictivos siguen siendo los empleados que pertenecen a la Iglesia Católica.
"Esto llama mucho la atención a los empresarios, y la connotación religiosa, considerada hasta ahora como privada y no se tenía en cuenta en las entrevistas laborales, va a comenzar a considerarse seriamente al momento de recibir candidatos para un puesto laboral".

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