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Subcomandante Marcos
El Sub Y LAS MUJERES

Por: Silvia Núñez Esquer

Doce años pasaron para que muchas y muchos sonorenses pudiéramos ver de cerca a quien, rostro cubierto cual mujer musulmana, asoma sus ojos que se aprecian bellos invitando a adivinar el resto completando a un Subcomandante Marcos de acuerdo a la imaginación de cada quien.

Es él no cabe duda, su voz es inconfundible, su timbre y tono lo son aún más. Al fin el sub visitó Sonora. Desde ese enero del 94 el mito se instaló para materializarse un día lluvioso de octubre. La agenda no confirmada nos trajo como locos siguiéndolo, rogando por un minuto de su atención.

En Magdalena de Kino visitó a los Ootham, lo recibieron bien. Los admiradores, pero sobre todo las admiradoras se trasladaron desde Hermosillo para no perderse la posibilidad de verlo de cerca. Del norte dos camiones repletos de jóvenes norteamericanos hombres y mujeres, se apresuran a acercarse. Su ídolo está frente a ellos y además los ve bien, los respeta, los atiende. Las cosas salieron bien. Me contaron que el esfuerzo de ir hasta Magdalena valió la pena. "Es paciente, paciente para escuchar y parecerá ridículo lo que voy a decir, pero inspira paz", aseguró una mujer que se lanzó sola en su carro de Hermosillo a Magdalena para verlo. En cambio otra, una maestra universitaria expresó: "no me gusta lo que vi: un grupo de morritos gringos fans que vienen a ver a su artista, y él dejándose querer, tomándose fotos a diestra y siniestra".

Marcos llegó a Hermosillo habiendo provocado previamente un pequeño altercado entre la guardia Conc'ac y los periodistas, a quienes no se les permitió pasar a los eventos en Punta Chueca. Pero no fue a todos los reporteros, sólo a los locales, pues los extranjeros lo acompañan a todas partes y se advierte que tienen derecho de entrada a cualquier punto donde se introduzca el Sub.

Luego de visitar a los tianguistas del Héctor Espino, se encaminó a la Universidad de Sonora. El Teatro Emiliana de Zubeldía albergó por dos horas al sub, pero también a sus acompañantes adherentes a la Otra Campaña, y a todos quienes querían guarecerse del torrencial aguacero que, justo ese día, inundó las calles de Hermosillo.

Ya no se dice rebelde, pero sigue con el atuendo y con su pipa del principio. Ahora explica como académico los conceptos del yo y del nosotros. Instruye al estudiantado presente acerca de cómo los indios nunca hablan en primera persona singular, porque se consideran grupo, primera persona plural.

Con la parte inferior del pantalón y los zapatos mojados, permanecimos parados quienes no alcanzamos butaca, dado el interés que provocó la visita del Comandante Zero a Hermosillo y que llenó el Zubeldía. Entre nuestras piernas jóvenes mujeres y hombres rubios de ojos claros, reptaban rumbo a los tomacorriente para conectar sus cámaras, celulares, pilas recargables de todo tipo, y cualquier movimiento de hombros o de cintura estaban prohibidos para nosotros pues los camarógrafos de pie con sus instrumentos de trabajo conectados a la corriente, nos lo impedían. El francés y el español se mezclan entre éstos que parecen ser periodistas pues escriben en formato de nota informativa en sus pequeñas laptop que acomodan sobre sus muslos.

Subcomandante Marcos

Cabellos organizados en rastas, faldas sobre pantalones, sweters o ropa de tirantes, se mezclaban en el recinto, o bien sobre el cuerpo de una misma persona. De pronto, seis personajes se sientan frente a la mesa del escenario. De izquierda a derecha son: el representante del movimiento de Atenco, Estado de México; la única mujer Ismene Figueroa activista universitaria que protagonizó en meses pasados una huelga de hambre por la democratización de Derecho en la Unison; Martín Piña, maestro universitario; El Subcomandante Marcos; Rafael Borbón, maestro universitario; el representante de la Convención Nacional Indígena, y Hugo Rivas, también estudiante con una huelga de hambre en su haber.

Todo está listo y no podemos dejar de ver el escenario con ojos de mujer. Nos es imposible escuchar con oído femenino. Inicia Hugo con su mensaje introductorio, continúa Ismene para actuar como moderadora del evento y presentar a las personas del panel. Así da la palabra al representante indio, quien se presenta como chiapaneco. Su saludo es, como siempre lo es el discurso de los zapatistas, fraternal, muy razonable y en un excelente español: soy anticapitalista, dijo, pero no explicó por qué no viene ninguna mujer en la comitiva. Fue imposible no recordar a la comandanta Ramona, fallecida a causa del cáncer cérvico uterino y preguntarse si debido a esas tradiciones que exige el exponente les sean respetadas, fue que ella no se atendió, tal vez porque su esposo no la dejó ir al médico como sucede con tantas y tantas mujeres de los pueblos indios.

La claridad que reflejaban sus palabras no bastan para impedir que la ansiedad crezca por escuchar al personaje, al mito, al sub Marcos. Pero varias intervenciones debían pasar para que esto sucediera.

El activista de Atenco continuó después. Ahí empezó la decepción. En breve resumen narró los hechos de mayo, donde los gobiernos federal y estatal reprimieron a quienes protestaban por la construcción de un aeropuerto con el que no están de acuerdo. Dos muertos, muchos golpeados, otros tantos encarcelados. "Algunas compañeras violadas", como si hubieran sido molestadas levemente. Repitió que el pueblo de Atenco había sido reprimido con exceso, que había dos muertos y los nombró. Nada dijo de los brutales ataques y vejaciones a las más de veinte mujeres, algunas de las cuales aún permanecen presas. Para nada mencionó que el Procurador del Estado de México ya sentenció que están libres los policías violadores de mujeres porque ahí esa conducta se considera "delito normal", no grave. A pesar de la cartulina anaranjada que portaba una estudiante de la Unison con la leyenda "Todas somos Atenco" no le dio importancia al asunto.

Martín Piña fue el tercero en exponer un largo discurso, donde hizo un repaso de todos los aspectos golpeados por el neoliberalismo. Arrancó aplausos por la gran razón en sus palabras. Reiteró su apoyo a La Otra Campaña y a Marcos, recordando al subalterno fiel. Rafael Borbón fue más breve. El neoliberalismo fue nuevamente el objeto de las críticas y el discurso fue también coronado con la ovación de las y los asistentes.

Por fin al Sub le tocaba el turno. La expectación llegó a su clímax pues tras tanta espera tendríamos la oportunidad de escuchar a quien innovó una estrategia sin precedentes en México: la guerra de las palabras.

Su lenguaje, por demás didáctico, transportó a los presentes a la película de su vida, pero en cámara rápida. Así nos hizo imaginar cómo será dentro de algunos años la vida ante un capitalismo privatizador no sólo de los servicios y productos, sino incluso de los derechos humanos. La educación, la salud, satisfactores básicos, son algunos de los aspectos que fueron analizados brevemente a futuro.

Mientras fuma sin cesar su pipa, Marcos habla con esa voz tranquila, clara, agradable, sabia, que le conocemos. Su intervención sólo dura diez minutos, fue quien menos habló. Pero eso fue suficiente para que a través de supuestos lograra hacer reír y reflexionar a unos y a otros. De pronto acaba su discurso y la moderadora luego de agradecer a panelistas y espectadores, nos invita al auditorio de Economía para una conferencia de prensa.

Al llegar al sitio mencionado, empapados de pies a cabeza, los reporteros locales se dan cuenta que el auditorio completamente lleno de estudiantes, no cuenta con un centímetro para acomodar a los representantes de la prensa de acá. Eso sí, los reporteros extranjeros están acomodados al frente y desde ahí cómodamente pueden seguir haciendo su trabajo. Aún así, insistimos en esperar sus palabras para los medios locales, lo cual fue imposible. Uno de los organizadores tranquiliza: "sí pueden entrar los medios, sólo el Primera Plana, Entre Todos y TV Azteca no van a pasar porque luego tergiversan todo". La verdad es que ninguno de los medios locales pudo entrar.
La conferencia de prensa se convirtió en una charla con los alumnos que acudieron a tiempo para esperarlo.

El Sub se fue como el agua que corría a cántaros diluyendo el mito de hace doce años.

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