...Alguien
que le DIGA A BOURS
Por: Silvia Núñez Esquer
Lo
malo de sentarse a la mesa cuando todo está listo y servido
es no ponderar en su justa medida los esfuerzos previos al festín.
La desconsideración es consecuencia de no preguntarse siquiera
quién lo hizo, cuánto tiempo invirtió, en
qué condiciones, si se cansó o si le causó
algún dolor.
Lo
mismo ocurre con los logros que a través de la historia
van apareciendo como producto de las luchas sociales para disfrute
de las nuevas generaciones y que se consideran normales y sobre
todo naturales, sin reflexionar sobre sus antecedentes. Por ello
es tan absurdo pensar en que podrían no existir o en las
condiciones que se producirían si alguien por decreto los
desapareciera de pronto.
Algo
así está sucediendo con los logros de las feministas.
Las gritonas que en el siglo antepasado hicieron que los hombres
accedieran a que ellas votaran y luego a que fueran votadas. Aquellas
que lucharon por su derecho al acceso a las escuelas para ingresar
y continuar su educación hasta donde ellas decidieran o
su situación económica se lo permitiera. Igual ocurrió
con las feministas sesenteras, quienes enfocaron la lucha por
el control propio de su cuerpo. Esas que exigían anticonceptivos,
guarderías, despenalización del aborto como último
recurso, y que finalmente lograron que sus demandas se escucharan
al grado de que los gobiernos las retomaron y las oficializaron
a partir de la Primera Conferencia Internacional de la Mujer en
1975 en México.
De
ahí en adelante todo fue crecer y desarrollarse. Las demandas
estaban establecidas, sólo restaba sembrar mundialmente
las condiciones para que las mujeres accedieran a condiciones
adecuadas para ejercer sus derechos políticos, de salud,
económicos, sociales y laborales.
En
este contexto fueron las guarderías una demanda clave para
el crecimiento de la contratación de las mujeres principalmente
como obreras. Pero fue en los años setentas cuando mujeres
con formación escolar y no precisamente obreras, y dado
el egreso de profesionistas especializadas en la educación
infantil, que demandan un servicio profesional e integral para
sus hijos de hasta 6 años de edad.
Así
surgieron los Centros de Desarrollo Infantil que fusionaban el
cuidado asistencial para los niños desde 45 días
de nacidos hasta el último año de preescolar, con
la instrucción oficial del jardín de niños,
incluido el certificado de la Secretaría de Educación
Pública, requisito para ingresar a la primaria. En Sonora,
el orgullo que encarnaba el correcto término de Centro
de Desarrollo Infantil, eran dos de estos centros pertenecientes
y administrados por el DIF Estatal.
El
pasado viernes 13 de octubre, el gobernador de Sonora Eduardo
Bours, brindó su Tercer Informe de Trabajo. En sus líneas
nada se advierte sobre el destino de estos Centros de Desarrollo
Infantil. La sospecha de que su cierre se debe a que han quedado
ubicados en territorios altamente cotizados comercialmente hablando,
no ha sido despejada, pues en su intervención así
como en el documento escrito omite el dato.
En
su informe, las mujeres estamos incluidas en dos rubros: violencia
feminicida, y programas instrumentados por el Instituto Sonorense
de la Mujer. En el renglón de Seguridad Pública,
nos ofrece datos de eficacia para resolver homicidios dolosos
contra mujeres. Según el informe en 2006 se han resuelto
el ochenta por ciento de los casos, cifra más alta después
del noventa por ciento que se presentó en 2001. Por otra
parte en el renglón atención a la mujer se liga
hacia los programas cotidianos del Instituto Sonorense de la Mujer,
incluyendo su enfoque a la prevención de la violencia intrafamiliar
para lo cual sólo se le destina un poco menos de dos millones
de pesos anuales. Siendo éste el estado con mayor incidencia
de violencia de pareja según la Endhire, la cifra francamente
es irrisoria.
Muchas
esperábamos que en el documento se hiciera referencia a
las guarderías del DIF, pero ya se ve que éstas
han quedado en el recuerdo. Posiblemente los centros Fernanda
Luken de Obregón y Beatriz Velazco de Alemán, pasarán
a algún proyecto de modernización del sexenio. Sin
embargo lo siniestro no es eso, sino la facilidad con que se desapareció
de un plumazo uno de los logros más significativos de las
mujeres. Y eso no es lo peor, sino la impunidad con que se enviaron
a los alrededor de trescientos niños que acudían
a cada uno de ellos, a una regresión de al menos cuarenta
años.
Al
crearse las 28 casas de apoyo ubicadas en colonias populares y
que supuestamente deberán sustituir este servicio, no cumplen
ni por asomo con los requerimientos de profesionalismo que se
habían logrado. Son casas habitación pequeñas,
rentadas, sin el mínimo espacio que la propia Ley Estatal
de Educación contempla para que los infantes se puedan
desarrollar integralmente. De nuevo vemos a los pequeños
hacinados y mezclados por edades cuando esas situaciones habían
quedado rebasadas con instalaciones adecuadas.
Adiós
a la estructura que pedagógicamente es la recomendable.
Las áreas de nutrición, deporte, médica,
comedor, recreación, salón de usos múltiples,
salones de clases, el piano obligatorio para las actividades de
nivel preescolar, tendrán que formar ahora parte del pasado.
Es
urgente que alguien instruya al gobernador sobre los antecedentes
y objetivos de cada proyecto que encontró funcionando al
asumir su encargo. Es contradictorio que mientras apoyó
a las escuelas particulares obsequiando el programa Enciclomedia,
cierre dos centros de desarrollo infantil profesionales, para
regresar al recurso de "casas donde se cuidan niños".
Es
apremiante que los pequeños y sus madres estén tranquilos
pensando en que reciben un servicio adecuado y profesional en
lugar de irse preocupadas temiendo que los niños puedan
ser arroyados por un carro cuando tengan que salir a la calle
a realizar labores al aire libre, dado el espacio reducido de
las Casas de Apoyo. El gobernador necesita saber que el Estado
no es un bien particular, sino social y producto en muchos de
los casos de demandas de la sociedad, en este caso de las mujeres.